(Text per dones)

Es domingo del Perdón.
Una excusa cualquiera basta. Una basta excusa cualquiera. El desorden, por ejemplo, en una frase. En casa. En una verdad como un templo. Gaitas. Eso, templo gaitas.
Porque siempre hay algo de mentira en la verdad expresada. Perdón.
Perdón por existir. No debo.
Debo la muerte a la vida. Eso sí. ¡Qué fantasía!
Me explico:
Ayer, 1 de marzo, empecé «esto», que no es más que un juego. Un juego de palabras.
Ayer el juego era de azahar. Me puse muy serio. Perdón. Hoy es un juego de pelota.
Soy valenciano y políglota. Pienso en varios idiomas y me expreso de forma confusa incluso cuando hago la lista de la compra. Igual escribo carlota que zanahoria o carrot, no me importa. Yo me entiendo. Y esa lista es para mí, soy yo el que compra.
Pero en «esto», quiero que la lista seas tú.
Tú-lista de la compra:
Compra mi excusa basta.
Véndeme tu perdón. No merezco ese regalo. ¿Qué te debo?
La vida.
Y aquí retomo mi deuda de muerte no explicada. Allá voy:
Perdón, madre, por morir antes de tiempo. Me maté por vivir mal y tú te desviviste para que yo viviera bien. Congruencia, perdón.
Perdón, padre, por vivir más de la cuenta. Me asusté al ver tu cadáver y corrí de la inocencia. Paciencia, perdón.
Perdón, mujer, por mi ausencia el día que nos casamos. Me pilló tan de sorpresa tu amor definitivo que vino tan bebido ya y tal reserva de planes me hizo olvidar que el destino ya el primer día fue escrito por mí en tu libreta, con tu boli. No volverá a repetirse. Estaré presente en la boda. Firmaré el acta de celebración tras años de celebración. No hay quien me entienda, perdón.
Perdón, osa mayor, por vender tu piel antes de comprar la escopeta para cazarte. No me gustan las armas y preferí asustarte hasta pelarte. Pero nunca perdí el norte.
Sin peros pido perdón sincero a todos los ofendidos pasados por mí y futuros con texto hostil.
Voy a escribir sin pelos en las teclas*.
PD: Las comas y las reglas no son lo mío. Yo escribo, ya entenderás lo que quieras.
* Mañana limpio el teclado.







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