Del Gobierno. Y de Gramática.

El móvil dice que es martes. Así sea en esta era en que llueve antes en el móvil que llevamos en la mano que en la mano que (no) asomamos por la ventana; en caso de estar ciego, o tener tan mala vista como para no distinguir que caen chuzos de punta en la Tierra. Llueve fuerte.
Yo me siento muy de lunes. Será porque no he dormido su noche; a su vera, la de ELLA; pero he dormido el día y su camino, el de Vera*.
Ahora no me voy a poner romántico.
Tengo desde hace meses un genio de lunes, de esos lunes que empiezan un ciclo, sea semana o era. (Ya empezamos con los tiempos verbales. «Esto» también va de Gramática.). Un ciclo duro para el que no tengo ganas.
El mundo está de lunes. Y yo tengo una pregunta que gritar a las dos caricaturas que, cual falla, presiden esta entrada:
¿Cuántos Martes hay en la Tierra, caraduras?
Muchos. Uno cada semana.
Dan por hecho, será Ciencia, que la Humanidad debe migrar. ¡Vaya!
¡Qué casualidad!
Estos que están en contra de los inmigrantes quieren exportarnos a todos a un planeta sin atmósfera.
Disculpen, soy claustrofóbico. No me apetece andar con traje, por muy espacial que sea, por tierras rojas sin asfaltar, cuando, de darse el caso, pueda salir del zulo que piensan construirme en Marte.
Para empezar, no me pongo traje ni en los funerales. No fui de traje a mi boda. Y además, soy fumador. En los zulos no hay balcones, y habría que ver si hay estancos que no sean los compartimentos estancos donde piensan alojarnos.
Y… ¡Qué demonios!
¿Saben lo que cuesta asfaltar un planeta?
En este, el que pisáis, ese desarrollo que tanto amáis ha tardado miles de años en llegar. Y aún así, hay caminos de tierra con sus baches y badenes en sitios donde quizá vendría bien poder ir un poco más cómodo a comprarle a usted un cochecito a pilas o a jugar en uno de los casinos de su amiguete.
No jodáis. Que somos muchos y quedan muchos años hasta que se acabe el mundo y tengamos que ser una especie interplanetaria.
Y digo esto por ponerme en su lugar, en ustedes que piensan que nos debemos marchar.
No.
Si me lo plantean como un favor a la Humanidad a mil años vista, el tiempo necesario, año más, año menos, para ‘terrificar‘ -quizá ‘terrorificar‘, quién sabe- Marte, y pretenden que contribuya yo ahora… ¿cómo? ¿con qué?
¿Con mi voto? Voto de pobreza, será.
¿Con impuestos?, ahora que están en el poder.
Pero, a ustedes no les gustan los votos ni los impuestos.
O quizá… al ser usted, almizclero, el hombre más rico del mundo -perdón, planeta Tierra- piensa amasar tal fortuna que usted solo nos va a llevar a la Luna, a Marte y de paseo… vaya usted con su escudero el Señor del mundo Trump.
Que yo me quedo aquí, a morir respirando oxígeno sin reciclar, contaminado sí, por la necedad de la Humanidad de la que soy parte, pero sin escafandra ni movidas de astronautas.
¡Jo sóc valencià!
Usted eso no lo entiende. La tierra que piso al andar a comprar a MERCADONA aquí la llamamos terreta. Valencia es «la terreta». Usamos el diminutivo porque somos conscientes de lo que somos: nadie.
No somos nadie. Ni yo ni usted.
Para mí es fácil comprender mi insignificancia y no sentirme nadie. Intentaré ser empático y ponerme en su lugar. Usted…
¡Oh, Usted! Usted va a ser inmortal, ¿verdad? Tiene un as en la manga. Quizá sea su Neuralink.
Neura es lo que usted tiene. Y enlace, link, con el poder que le confiere el dueño del casino donde quiere hacer valer su as en la manga, Trump.
Una jugada maestra. Con Trampa.
Y además tiene cohetes. Lo que usted tiene es un petardo en el culo, como decimos en mi terreta. Muchas prisas.
Dice un poeta que canta, el maestro Joaquín Sabina, en una de sus canciones -Pastillas para no soñar-: «Si lo que quieres es vivir cien años, vacúnate contra el azar.»
Y vuelvo a cuadrar un círculo porque «esto», lo dije en el Die 1 Martii, el día 1 de marzo, hace tres días, no lo empecé por azar, sino por el azahar de mi tierra, Valencia.
Ustedes van a arder en la hoguera, ya verán. Saldrán sus cenizas en las noticias el día de San José.
No lo entienden. Es lenguaje local. Quizá les resulte familiar el «think globally, act locally».
Pues eso, en esta Tierra, minúscula y mayúscula, vamos a quemarles: figuras, monigotes.
¿Quieren darse un paseo, un baño de multitudes? ¿Ver estatuas suyas en cada esquina?
Vengan a Valencia en Fallas. Vengan y vean.
Y si escuchan mucho ruido, incluso algún abucheo, no se lo tomen a pecho. Es que aquí llueve sobre mojado. En Valencia no llueve mucho, pero cuando llueve, llueve mucho. Y a veces nos rebelamos contra el poder.
¿Por llover?
No, la lluvia sólo mata a la gente que está en la Tierra cuando ésta está mal gestionada.
¡Mazón, dimisión!
*Pueden ver el Camino de Vera que veo yo desde mi balcón, donde fumo sin escafandra, en la foto del post anterior.
Y siempre que me asomo al balcón y veo toda L’Horta Nord en su extensión, desde el mar hasta la Sierra Calderona, pienso en la insignificancia del dinero del hombre más rico del mundo, pues ni con esa su fortuna podría comprar todo el terreno -tierra- que yo logro mirar desde un sexto piso.
Ahí lo dejo. El mundo os viene grande, poderosos.
Así como el camino se hace al andar, la tierra se hace al aterrizar.
Aterrizar de las nubes de la fantasía megalómana no nos vendría mal.







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