¡Guau!: es Luz

IA genera imagen con input: «Bella bruja juega al billar con bolas de fuego luminosas»
Embrujo:
Esta mañana he visto apagarse el alumbrado público y pensado en ti, primer verdor, prima vera. En tus ganas de aprender latín y en los latinajos que usamos los ignorantes para aparentar tener más luces de las que habemus.
Esas que aparenté ayer, memento mori, en el pub donde jugaba, de soltero, asiduamente al billar, ubriaca persa, compañía extranjera, nacionalidades dispersas por mesas de bares donde una birra cuesta un cuarto de vida contada en inglés. La segunda, la infancia en la Unión Soviética, se expresa en lenguas vernáculas, cualesquiera. La tercera, la República que él anhela, insistente, cansino ya, se vocifera a la internacional. Y el último cuarto de vida se brinda a la cerveza de despedida, cuarta y última, planta de su casa, y plantá que le doy a esa que no entendía que me voy a casar, al no entrar en su juego, en su carro, en su rueda de atropello a la razón: Amor por ELLA. Me voy a su vera.
Mañana hay que madrugar.
No es excusa.
¿Y qué te voy a contar? So bruja. Bebí de más, viví de más.
Te apago, luz de gas. Enciendo un cigarrillo, de vuelta a casa. Canto a la inversa la música que puebla los pasillos de mi mente. Estrechos.
¡Gibraltar español!, oigo gritar a unos carcas que vuelven de fiesta. Desvarío. ¿Son ellos o soy yo? Es jueves, se entiende.
No como esto, que no hay quien lo digiera. Ni hablar de comprender aunque/si quiera.
La moraleja del cuento es ésta:
Una mosquita muerta a manos de un mosquito atraído por la luz da un plus de valor al amor. El fuego quema. Quien juega con él, pierde la partida.
Tiene una bola negra y una ouija. Es raro cual perro verde. Viejo como el diablo, sabihondo.
Yo, en cambio, me conformo con un café con leche y agua fría, las más de las veces. Pero hay días, noches… que solo salgo.
Y escribo. Intento en una página rosa describir en prosa la maléfica poesía en la derrota de una bruja de bar que usa un taco, como «coño», para jugar al billar con las bolas llenas de magia negra.
Lectora, perdona, pero la expresión del día, imantada a la nevera -pizarra para aprender mi idioma-, es: «alumbrado publico».
Gracias a él me he dado cuenta de que era hora de acostarme. Bien.
Tener, sentar, y acostar cabeza… Y si la usas, úsala bien.







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