Cansancio alegre

Mudo.
(En el año chino de la serpiente)
La piel que recubría mi existencia se me ha quedado pequeña. Quiero más.
Muda. Se queda la casa de mi juventud. Ya no tiene palabras de justificación. Una pasada.
Nos mudamos hace cuatro meses a una nueva casa a la que ahora traigo antiguos muebles. Maderas nobles, mármoles, estanterías llenas de libros de antes. De antes de nacer yo, los que siempre vi y nunca leí. Y ahora, lleno de júbilo, leo. Jubileo.
Me mudo a tu vida para ser el roble que te dé sombra sin hacerte sombra, flor perenne en mí acogida. A ti entrego mi vida.
En esta mudanza ha habido mucho de suerte. He aparcado un camión de ocho metros sin permiso del Ayuntamiento debajo de la antigua casa. Y con la ayuda de la familia hemos trasportado recuerdos, que ahora ordenamos, contentos.
Les buscamos un puesto en este espacio nuestro, despacio, despacho. Nos llevará un buen tiempo -y llueve, lleva todo el mes lloviendo- acomodar el pasado en el presente.
Invertimos en futuros.
El mío es postergar la muerte. Simple. El de ELLA es crecer y ver crecer a su fruto. Él debe encontrar su horizonte y encaminarse a él. Aún tiene mucho que aprender, andar, leer. Es sabio y buena gente.
Rimas fáciles de cartel de falla. Lees.
Risas callan secretos. Mudas.
Sonrisas cínicas cuando las campanas que suenan no son alhaja en oreja. Hablan.
El qué dirán condiciona mis actos, me dice. Tiene razón, pero no en mi y diario.
Tildes comas vómito de ideas abstracto.
Domingo 9 de marzo. Estoy viviendo a posteriori.







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